Benet M. Marcos

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¿Por qué narices los adultos no somos felices?

In Felizidad on noviembre 22, 2010 at 11:05 pm

Es una de las grandes preguntas con respuestas difusas. Observad a un niño: lo veréis, la mayor parte del tiempo, feliz; llorará sólo cuando alguna necesidad vital no le haya sido satisfecha. Ahora observad a un adulto: ¿qué le preocupa? ¿Por qué no sonríe? Fija la mirada en el televisor pensando en cien mil cosas antes que escuchar al niño que le está diciendo que su preocupación se basa en nada, en un absurdo mental. El niño llama a su padre insistentemente, le sonríe para que él sonría, y en cambio el padre lo acaricia para que se calle, para que le deje escuchar la preocupación a la que seguramente encontrará solución si su hijo no lo molesta esa noche. El niño está ahí, siempre ahí. Pero el padre no está. Cuando llegue a viejo cambiarán las tornas: el padre estará ahí por necesidad y el niño se habrá ido, siempre mirando fijamente al televisor. Nos molestan aquellos a quienes molestaremos. Y así construimos nuestro supuesto bienestar.

Pues bien, si el ser humano nace feliz, ¿qué es lo que lo vuelve tan infeliz que el día que se da cuenta es demasiado tarde? Creo que existen cuatro claves sobre las que convendría reflexionar seriamente. Bueno, reflexionar y poner remedio.

1. El trabajo. ¿Hasta qué punto es importante que mi jefe vea que paso horas en la oficina (¡atentos, no he dicho «trabajar», he dicho «pasar horas»!) dándole a la tecla cuando mi hijo está esperando que vaya a jugar un rato con él?

2. La prisa. ¿Llego antes si voy deprisa? Generalmente no. Y si llego antes, la diferencia de tiempo es tan irrisoria que no compensa. Ese mismo tiempo lo perdemos luego en otra cosa absurda.

3. La preocupación. Es un concepto infame. Preocuparse significa ocuparse de algo antes de tiempo. Y generalmente nos preocupamos de cosas de las que jamás tendremos que ocuparnos.

4. La falta de tiempo. Relacionado con la prisa, la falta de tiempo es una mentira. No existe la falta de tiempo, existe la falta de dedicación a lo importante.

Creemos que ser adultos supone asumir responsabilidades, por eso nos ponemos serios. Asociamos la seriedad con la responsabilidad, y por tanto borramos la sonrisa poco a poco, ya que sonreír -asumimos- es antónimo de ser serio. Error: sonreír es antónimo de ponerse serio, no de ser serio. Y en ese error basamos la infelicidad de mostrarnos sonrientes ante los demás. Yo, ante esta perspectiva, prefiero no ser adulto, la verdad.

 

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Felizidad

In Empresa, Felizidad on noviembre 22, 2010 at 11:57 am

Si queréis que os sea sincero, no sé muy bien por qué empiezo este blog, pero pienso mantenerlo con una constancia relativa (no esperéis un post cada día; sí alguno cada semana o cada dos semanas, ya veremos).

Sobre la felicidad no hay mucho que decir: o eres feliz o no lo eres, y dar vueltas a un concepto tan sencillo parece absurdo. También es cierto que la sencillez es lo más difícil de alcanzar, y apuesto -me juego lo que queráis- que la mayoría de las personas «luchamos» (¡menuda idea!) por ser felices. Vivimos creyendo que algún día seremos felices porque trabajamos como locos por que así sea: mejor coche, mejor casa, mejor condición social, mejor idiotez. El estado del bienestar es la falacia mejor compuesta que ha inventado el capitalismo, y aun así seguimos convencidos de que, mirando hacia el entorno del capital, satisfaremos nuestros prejuicios (sin ser conscientes de que los tenemos). ¡Ni por pienso!

Existen muchos ámbitos en los que queremos ser felices y no lo somos: en el trabajo, en casa, en pleno tráfico, en el metro, en la cola del paro, en un examen (y en su preparación), paseando al perro, fregando los platos, mirando una película, en un viaje de negocios… ¿Por qué? Porque para ser feliz antes hay que conocerse, y ése es un trabajo arduo que no suele entender la sociedad capitalista. Bueno, no lo entiende o lo deja de lado en favor de las prisas. Uno no puede conocerse si no para un momento, del mismo modo que una empresa no puede lanzarse a las redes sociales si antes no piensa una estrategia. Todo está relacionado. Lo que nos sucede en lo personal tiene repercusión en lo laboral, y viceversa. No estamos acostumbrados a parar.

Y ¿qué sucede con Internet? El otro día, en una conferencia, se me ocurrió algo muy sencillo que a lo mejor había leído u oído por alguna parte (seguramente, con otras palabras, en El Manifiesto Cluetrain; en español para los amigos): los usuarios tenemos una experiencia con Internet que, cuando estamos en la empresa, se diluye; las mismas personas que por la noche entramos en Facebook y compartimos lo que nos apetece somos las que durante el día nos encasillamos en escritorios aburridos y, bien porque nos cortan el acceso, bien porque nos imponemos nosotros mismos la prohibición, desatendemos una vía de negocio que nos haría más felices. No existe en las empresas estrategia para trabajar con las redes sociales y con Internet, y por tanto, un canal que permite la comunicación directa y en consecuencia una especie de juego-felicidad, deja de formar parte de uno de los momentos más cruciales de nuestra vida: el tiempo que estamos trabajando.

He lanzado algunas ideas desordenadas. No pretendo que así sea. Me gustaría en lo sucesivo reflexionar sobre cuestiones muy concretas, así que iré pensando qué temáticas pueden estar relacionadas con la insatisfacción para ver cómo se podrían mejorar esos aspectos concretos. Me apasiona el ámbito de la empresa, entre otras cosas porque es uno de los que menos entienden cómo conseguir que ese concepto vacío («empresa») se convierta en un espacio de intercambio y motor de la felicidad. No sé mucho sobre la felicidad desde un punto de vista teórico, y tampoco tengo claro que me interese tanta reflexión. Me gusta ir a lo práctico, así que cualquier idea que tengáis, bienvenida será, por supuesto.

¡Empecemos con un fuerte abrazo, que no hace daño a nadie! 😉

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