Benet M. Marcos

Archive for 22 diciembre 2010|Monthly archive page

La felicidad y el camino

In Felizidad on diciembre 22, 2010 at 1:00 am

La felicidad se encuentra SIEMPRE en el camino. La meta nos ayuda a caminar segur@s.

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La felicidad en las cosas pequeñas

In Felizidad on diciembre 8, 2010 at 12:29 am

Ayer, por casualidad (si es que la casualidad existe), tuve la suerte de topar con una película en TV3 sobre la vida de la madre Teresa de Calcuta. No sólo quedé fascinado por su capacidad de ofrecerse a los demás, sino también por algo sencillísimo que ella misma destacaba y que solemos olvidar: «Lo realmente grande se encuentra en las cosas pequeñas». Y ése es uno de los tantos caminos que nos acercan a la felicidad: trabajar en lo pequeño, no en lo grande. Marcarse objetivos definidos y asequibles. Empezar y terminar una tarea sencilla, pequeña. El éxito se compone de miles de éxitos aparentemente insignificantes. ¿De qué le servía a la madre Teresa entrar en parafernalias político-religiosas si podía ayudar a aquel señor enfermo caído en el suelo y del que todos se alejaban? Si quiero estar al lado de los pobres, ¿no tiene más sentido que viva entre ellos en vez de intentar ayudarlos desde fuera? Con esa actitud tan sencilla conseguía captar la atención de las masas.

Curiosamente, nos pasamos la vida luchando por nuestros grandes objetivos y, de repente, aparece una persona que sencillamente lleva a cabo las tareas sencillas que muchos dejamos de lado -a la espera de que todo el mundo las pongamos en marcha a la vez- y que conforman miles de objetivos, y su acción tiene una repercusión infinitamente más grande que la de los que buscamos el éxito en los grandes propósitos. La utopía la tenemos justo delante, pero no la vemos. ¿Que no se puede cambiar el mundo? ¡Por supuesto que sí! Pero no hay que esperar a que todos los astros se alineen ni a que todo el mundo esté de acuerdo en ello. Eso no va a suceder antes de tomar la decisión de cambiar el mundo. Cuando uno decide cambiar el mundo, debe hacerlo desde dentro, desde las cosas pequeñas, cercanas. No hace falta marchar a África para terminar con el hambre de muchos. Un beso, una caricia o un abrazo a alguien del entorno en un momento determinado pueden tener un efecto que conduzca al cambio interior y, en consecuencia, a la construcción de un mundo mejor. ¿Sólo uno? Sí, sólo un beso, porque si espero a que todo el mundo se bese para tarnsmitirse amor, nadie va a hacerlo. Un beso contagia a otro, y poco a poco la gente va entendiendo que besarse es una solución sencilla pero grande frente a la falta de amor.

Si algo me gustó de la personalidad que reflejaba la madre Teresa fue la llamada a la acción en esas cosas pequeñas y la enorme capacidad por entender que lo importante, aquello en lo que uno cree, siempre llega. Por una vía o por otra, da igual, pero llega. Y, llegue antes o después, hay que recibirlo con una sonrisa. Siempre una sonrisa franca. ¿No es eso felicidad?

Las redes sociales y la felicidad en el trabajo

In Empresa, Felizidad on diciembre 1, 2010 at 7:05 am

Últimamente, en los espacios por los que me muevo, vengo dándole muchas vueltas a la felicidad en el entorno laboral. Nunca he entendido por qué en algunas actividades «trabajar» significa ‘cumplir una serie de horas encapsulados en un espacio’ en vez de ‘alcanzar objetivos bien establecidos’. He observado a mucha gente que malgasta la vida en la apariencia de trabajar sólo para que sus superiores, sus compañeros o sus clientes valoren el ímprobo esfuerzo de sudar una silla tras un aspecto de seriedad corporativa. Luego se van a casa-demasiado tarde- y no tienen tiempo de disfrutar de lo que sí da sentido a su vida: la familia, los amigos, la lectura, un paseo por la playa… Vamos, que se pierden la vida. Confieso que yo mismo, empujado por el entorno laboral, he sido víctima de esa estupidez en varias ocasiones, y he llegado a la conclusión de que dicha actitud es fruto de la inseguridad y el miedo.

Esa percepción del trabajo, tan extendida en muchos países, convierte al individuo en un cero a la izquierda, y lejos de aportar valor a las empresas, las hunde. Si los trabajadores están dominados por el miedo al «qué pensarán mis jefes, mis compañeros…», es imposible que sean tan productivos como podrían serlo.

¿Y qué pintan en todo esto las redes sociales? Vamos a la Wikipedia: «Las redes sociales son estructuras sociales compuestas de grupos de personas, las cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como amistadparentesco, intereses comunes o que comparten conocimientos» (dejo los enlaces de la propia enciclopedia porque apoyan esta reflexión). No sé si es la mejor definición, pero sí nos hace ver la importancia de las relaciones humanas. Redes sociales como Facebook, Tuenti, My Space, Twitter (para mí es una red), Xing… potencian esas relaciones humanas. Habría que discutir si éstas son las mejores redes sociales que podríamos concebir (otro día hablaremos de las redes sociales de conocimiento), pero son las que tenemos más a mano. Pues bien, ahora todas las empresas, sin saber muy bien por qué, quieren estar en las redes sociales. Hay que vender, claro, y como todo el mundo dice que hay que estar en Facebook, pues vamos allá. Cogen su catálogo y lo cuelgan. ¡Olé! Y le enchufan al de Marketing, al de Comunicación o al informático la penosa tarea de hablar de nada en un entorno que desconocen. Aquí es cuando debemos volver a la pregunta: «Pero ¿qué demonios son las redes sociales?». Y entender lo que significa relaciones sociales. Si una empresa, es decir, si sus empleados no se relacionan en las redes sociales, tener presencia en ellas carece de sentido.

La revolución 2.0 significa no sólo un cambio en Internet, sino un grandísimo cambio en la cultura corporativa. Si ahora los usuarios que están en las redes sociales (que somos nosotros mismos, por cierto, los mismos que por la mañana nos encapsulamos en las empresas) demandan a las empresas que les aporten conocimiento, diversión, una cara agradable, cercanía… es imposible que eso se consiga si no hacemos participar a todos los empleados, en una u otra medida, de esa felicidad que supone relacionarse con los demás. Y para ello antes hay que establecer unas directrices de comportamiento interno basándose en la forma de ser de los empleados; marcar unos objetivos en los que no se dé por sentado que todo trabajador viene sólo a trabajar, sino a aportar su valía como persona, a humanizar la corporación, que a fin de cuentas es lo que los propios usuarios demandan en las redes. ¿Quieres vender? Pues dale a tu cliente lo que pide. Tu cliente te pide a voces, ahora que lo tiene más fácil gracias a las redes sociales, que lo escuches, que no le vendas por vender, que lo hagas participar en la creación del producto. Pero no le exijas lo que tú piensas. Intenta entenderlo. Ramifica el cerebro de tu empresa aprovechando el de tus empleados, y que ellos sean la voz que tú solo no tienes.

Y tú, empleado, si tu jefe no te hace caso pero te deja entrar en Facebook, no pongas la excusa de que él debería ser quien marcase las directrices. Si te interesa lo que haces, piensa en esa estrategia tú mismo y demuéstrale que se puede vender más atrayendo a usuarios y a potenciales clientes. Implica a tus compañeros en el proceso partiendo de cosas tan sencillas como buscar información relacionada con el entorno de vuestro producto (no sólo sobre vuestro producto); entablad entre todos una conversación con los clientes en las redes sociales. Da igual que seas comercial, administrativo, jefe de producto, contable… Tu voz, en cada caso, es distinta, y aporta algo nuevo. Ve poniendo cara a la organización, pero no lo hagas solo, siéntate con tus compañeros y hacedlo juntos. Haced felices a los clientes siendo más felices vosotros el tiempo que estáis en la empresa. Empezad por media hora al día, que no hace daño a nadie ni es una pérdida de tiempo, aunque lo parezca (¡al contrario!). Sustituid, por ejemplo, el tiempo que dedicáis a enviar correos con powerpoints que hablan de la felicidad por un tiempo en el que las relaciones humanas os hagan sentir de verdad esa felicidad. No es tan difícil. El camino hacia el cambio lo tenemos delante de las narices.

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