Benet M. Marcos

Las redes sociales y la felicidad en el trabajo

In Empresa, Felizidad on diciembre 1, 2010 at 7:05 am

Últimamente, en los espacios por los que me muevo, vengo dándole muchas vueltas a la felicidad en el entorno laboral. Nunca he entendido por qué en algunas actividades «trabajar» significa ‘cumplir una serie de horas encapsulados en un espacio’ en vez de ‘alcanzar objetivos bien establecidos’. He observado a mucha gente que malgasta la vida en la apariencia de trabajar sólo para que sus superiores, sus compañeros o sus clientes valoren el ímprobo esfuerzo de sudar una silla tras un aspecto de seriedad corporativa. Luego se van a casa-demasiado tarde- y no tienen tiempo de disfrutar de lo que sí da sentido a su vida: la familia, los amigos, la lectura, un paseo por la playa… Vamos, que se pierden la vida. Confieso que yo mismo, empujado por el entorno laboral, he sido víctima de esa estupidez en varias ocasiones, y he llegado a la conclusión de que dicha actitud es fruto de la inseguridad y el miedo.

Esa percepción del trabajo, tan extendida en muchos países, convierte al individuo en un cero a la izquierda, y lejos de aportar valor a las empresas, las hunde. Si los trabajadores están dominados por el miedo al «qué pensarán mis jefes, mis compañeros…», es imposible que sean tan productivos como podrían serlo.

¿Y qué pintan en todo esto las redes sociales? Vamos a la Wikipedia: «Las redes sociales son estructuras sociales compuestas de grupos de personas, las cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como amistadparentesco, intereses comunes o que comparten conocimientos» (dejo los enlaces de la propia enciclopedia porque apoyan esta reflexión). No sé si es la mejor definición, pero sí nos hace ver la importancia de las relaciones humanas. Redes sociales como Facebook, Tuenti, My Space, Twitter (para mí es una red), Xing… potencian esas relaciones humanas. Habría que discutir si éstas son las mejores redes sociales que podríamos concebir (otro día hablaremos de las redes sociales de conocimiento), pero son las que tenemos más a mano. Pues bien, ahora todas las empresas, sin saber muy bien por qué, quieren estar en las redes sociales. Hay que vender, claro, y como todo el mundo dice que hay que estar en Facebook, pues vamos allá. Cogen su catálogo y lo cuelgan. ¡Olé! Y le enchufan al de Marketing, al de Comunicación o al informático la penosa tarea de hablar de nada en un entorno que desconocen. Aquí es cuando debemos volver a la pregunta: «Pero ¿qué demonios son las redes sociales?». Y entender lo que significa relaciones sociales. Si una empresa, es decir, si sus empleados no se relacionan en las redes sociales, tener presencia en ellas carece de sentido.

La revolución 2.0 significa no sólo un cambio en Internet, sino un grandísimo cambio en la cultura corporativa. Si ahora los usuarios que están en las redes sociales (que somos nosotros mismos, por cierto, los mismos que por la mañana nos encapsulamos en las empresas) demandan a las empresas que les aporten conocimiento, diversión, una cara agradable, cercanía… es imposible que eso se consiga si no hacemos participar a todos los empleados, en una u otra medida, de esa felicidad que supone relacionarse con los demás. Y para ello antes hay que establecer unas directrices de comportamiento interno basándose en la forma de ser de los empleados; marcar unos objetivos en los que no se dé por sentado que todo trabajador viene sólo a trabajar, sino a aportar su valía como persona, a humanizar la corporación, que a fin de cuentas es lo que los propios usuarios demandan en las redes. ¿Quieres vender? Pues dale a tu cliente lo que pide. Tu cliente te pide a voces, ahora que lo tiene más fácil gracias a las redes sociales, que lo escuches, que no le vendas por vender, que lo hagas participar en la creación del producto. Pero no le exijas lo que tú piensas. Intenta entenderlo. Ramifica el cerebro de tu empresa aprovechando el de tus empleados, y que ellos sean la voz que tú solo no tienes.

Y tú, empleado, si tu jefe no te hace caso pero te deja entrar en Facebook, no pongas la excusa de que él debería ser quien marcase las directrices. Si te interesa lo que haces, piensa en esa estrategia tú mismo y demuéstrale que se puede vender más atrayendo a usuarios y a potenciales clientes. Implica a tus compañeros en el proceso partiendo de cosas tan sencillas como buscar información relacionada con el entorno de vuestro producto (no sólo sobre vuestro producto); entablad entre todos una conversación con los clientes en las redes sociales. Da igual que seas comercial, administrativo, jefe de producto, contable… Tu voz, en cada caso, es distinta, y aporta algo nuevo. Ve poniendo cara a la organización, pero no lo hagas solo, siéntate con tus compañeros y hacedlo juntos. Haced felices a los clientes siendo más felices vosotros el tiempo que estáis en la empresa. Empezad por media hora al día, que no hace daño a nadie ni es una pérdida de tiempo, aunque lo parezca (¡al contrario!). Sustituid, por ejemplo, el tiempo que dedicáis a enviar correos con powerpoints que hablan de la felicidad por un tiempo en el que las relaciones humanas os hagan sentir de verdad esa felicidad. No es tan difícil. El camino hacia el cambio lo tenemos delante de las narices.

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