Benet M. Marcos

La felicidad en las cosas pequeñas

In Felizidad on diciembre 8, 2010 at 12:29 am

Ayer, por casualidad (si es que la casualidad existe), tuve la suerte de topar con una película en TV3 sobre la vida de la madre Teresa de Calcuta. No sólo quedé fascinado por su capacidad de ofrecerse a los demás, sino también por algo sencillísimo que ella misma destacaba y que solemos olvidar: «Lo realmente grande se encuentra en las cosas pequeñas». Y ése es uno de los tantos caminos que nos acercan a la felicidad: trabajar en lo pequeño, no en lo grande. Marcarse objetivos definidos y asequibles. Empezar y terminar una tarea sencilla, pequeña. El éxito se compone de miles de éxitos aparentemente insignificantes. ¿De qué le servía a la madre Teresa entrar en parafernalias político-religiosas si podía ayudar a aquel señor enfermo caído en el suelo y del que todos se alejaban? Si quiero estar al lado de los pobres, ¿no tiene más sentido que viva entre ellos en vez de intentar ayudarlos desde fuera? Con esa actitud tan sencilla conseguía captar la atención de las masas.

Curiosamente, nos pasamos la vida luchando por nuestros grandes objetivos y, de repente, aparece una persona que sencillamente lleva a cabo las tareas sencillas que muchos dejamos de lado -a la espera de que todo el mundo las pongamos en marcha a la vez- y que conforman miles de objetivos, y su acción tiene una repercusión infinitamente más grande que la de los que buscamos el éxito en los grandes propósitos. La utopía la tenemos justo delante, pero no la vemos. ¿Que no se puede cambiar el mundo? ¡Por supuesto que sí! Pero no hay que esperar a que todos los astros se alineen ni a que todo el mundo esté de acuerdo en ello. Eso no va a suceder antes de tomar la decisión de cambiar el mundo. Cuando uno decide cambiar el mundo, debe hacerlo desde dentro, desde las cosas pequeñas, cercanas. No hace falta marchar a África para terminar con el hambre de muchos. Un beso, una caricia o un abrazo a alguien del entorno en un momento determinado pueden tener un efecto que conduzca al cambio interior y, en consecuencia, a la construcción de un mundo mejor. ¿Sólo uno? Sí, sólo un beso, porque si espero a que todo el mundo se bese para tarnsmitirse amor, nadie va a hacerlo. Un beso contagia a otro, y poco a poco la gente va entendiendo que besarse es una solución sencilla pero grande frente a la falta de amor.

Si algo me gustó de la personalidad que reflejaba la madre Teresa fue la llamada a la acción en esas cosas pequeñas y la enorme capacidad por entender que lo importante, aquello en lo que uno cree, siempre llega. Por una vía o por otra, da igual, pero llega. Y, llegue antes o después, hay que recibirlo con una sonrisa. Siempre una sonrisa franca. ¿No es eso felicidad?

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